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jueves, 15 de diciembre de 2011
"Drácula", ballet de Ramon Oller
Sigo comentando la cartelera teatral valenciana. En este caso nos vamos al ballet, a través del perfil de Facebook llamado Escenica (perteneciente a Teatres de la Generalitat Valenciana) tuvimos la suerte de ganar sendos pares de entradas para el estreno de Drácula, de mi admirado Ramon Oller, el jueves 10 de noviembre en el Teatro Principal, situado justo al lado de la plaza del Ayuntamiento, invitamos a una pareja de amigos y allá que nos fuimos a disfrutar. Ha estado en cartelera sólo del 10 al 13 de noviembre, es la segunda vez que se representa en Valencia, y seguramente habrá más si tenemos en cuenta el éxito de público y crítica que ha obtenido en ambas ocasiones.
El ballet contemporáneo es una de mis mayores pasiones desde muy joven cuando precisamente Ramon Oller, entonces bailarín a la vez que coreógrafo, vino a Tortosa a bailar en un par de ocasiones. Precisamente por el respeto que tengo por este arte me encuentro ante la gran pregunta de cómo hacer una opinión sobre ello, cómo ser capaz de verbalizar aquello que produce el movimiento de los bailarines al ritmo de la música en un determinado escenario.
Una obra de arte de este tipo sigue las mismas normas que cualquier otra representación teatral, los espectadores asistimos a un espectáculo con un argumento bastante sencillo como para ser captado sin palabras, tan solo por medio del balanceo de los artistas.
Es un arte diferente en cuanto a la forma, pero con un contenido similar a la literatura e igualmente comprensible y cercano, por lo tanto me acercaré a él como hago con los libros, las películas o las obras de teatro.
Drácula es la conclusión a una trilogía fantástica y de terror creada por el coreógrafo catalán Ramon Oller dentro de su andadura como integrante del Ballet de Teatres de la Generalitat Valenciana.
Las otras dos partes fueron “Sangrepura” (estrenada en 2002) y “Sangrepura 2.0” (estrenada en 2010), una trilogía sobre el Bien y el Mal entre los habitantes de lo oscuro cuya culminación, “Drácula”, rezuma energía por cada poro de sus protagonistas, malignos todos ellos, pero a distintos niveles.
ARGUMENTO
El argumento es sencillo, la Condesa Sangrienta duerme en su palacio, está llena y satisfecha por la sangre de vírgenes adolescentes que ha tomado sin freno hasta saciarse por completo, esa sangre le ha proporcionado un gran poder, la vida eterna.
Las noticias vuelan en el mundo de lo oscuro, unos vampiros que pasaban por las inmediaciones del castillo de la Condesa se enteran de ese nuevo poder y van a contárselo a su señor, el Conde Drácula, quien les ordena ir a despertarla y traerla a su presencia para que él pueda beber esa sangre pura y aumentar aun más su poder.
Una vez en el castillo de la Condesa Erzébet Báthory, la Sangrienta, las preciosas secuaces femeninas de Drácula seducen a la Condesa por medio de su baile harmónico y junto a sus compañeros masculinos la transportan a través del tiempo hasta la presencia de Drácula.
Una vez tenemos a los dos condes cara a cara se produce algo inesperado, el seductor es seducido ante la atenta mirada de la que era su compañera hasta ese momento, la preciosa Helena, una mujer llena de energía que en ese momento se convierte en rabia producto de los celos.
Las escenas de lucha entre ellas y las de cada una de las féminas con Drácula intentando conquistarle una y reconquistarle la otra generan algunas de las más bellas escenas de baile de la obra.
REPARTO
Helena, la compañera de Drácula antes de la aparición del a Condesa Sangrienta, es la bailarina Diana Huertas, si acudís al enlace que he puesto al final de la opinión es la morena.
Empiezo por ella ya que es el personaje y la bailarina que más me ha gustado. Morena de larga cabellera siempre recogida por una coleta es la bella imagen de la traición, su energía y la rabia que la posee son contagiosas y creo que gran parte del público tomamos partido por ella, una vampira enamorada que hará todo lo posible para recuperar a su amado Drácula. Bailes eróticos ante él, luchas cuerpo a cuerpo con su rival y danzas de pena individuales se sucederán en una actuación perfecta con la que consigue proyectar los sentimientos de su personaje hacia el espectador.
Fátima Sanles interpreta a la Condesa Erzébet Báthory, alias la Sangrienta, la que vendría a ser “la mala” es sin embargo la única bailarina rubia y vestida con colores claros en escena. Sin duda uno de los muchos mensajes de Oller respecto a la interpretación del Bien y del Mal, y lo mal situados que los tenemos, vivimos un mundo de dualidades donde no aceptamos los términos medios, cuando en realidad son los más comunes, tangibles y reales. Helena es buena y mala a la vez, la Condesa es mala y parece una frágil princesa durmiente esperando al príncipe encantado que la despierte, pero acaba seduciendo al más avispado y poderoso de ellos, el Príncipe de las Tinieblas.
El personaje da grima desde el principio, la bailarina se esfuerza en ofrecernos una mirada fría, unos gestos excesivamente técnicos, excepto cuando seduce a vírgenes o al propio Drácula, esta dualidad de carácter para una u otra ocasión nos la hace ver como un personaje egoísta y apoyar más a Helena, la mujer dañada y expresiva, y rechazar a la poderosa seductora de mirada pétrea. Como su compañera ejecuta el papel a la perfección, pero no se luce tanto porqué las coreografías más rápidas son para Helena y su rabia incontenible, me gustará verla en papeles distintos para comprobar si su frialdad interpretativa se correspondía sólo a exigencias del guión, como me gustaría pensar, aunque no puedo estar segura.
Drácula es interpretado por el bailarín Gustavo Muñiz, a la altura de sus compañeras, aunque no os descubro nada si explico que el cuerpo pesado de un hombre no luce tanto sobre el escenario como el de una ligera mujer que puede saltar, casi flotar por el escenario. Mucho mejor que el resto del reparto masculino es el perfecto partenaire para las dos anteriores y buen complemento para el resto de bailarines masculinos y femeninos, como ellas se pasa casi toda la obra en escena, sudando más que nadie el pobre, y ejecutando movimientos precisos y elegantes, lo que esperamos de un vampiro seductor. Muy bueno, sus bailes solo o acompañado por el cuerpo de baile masculino nos descubren a un buen artista, aunque en esta obra las grandes coreografías son para las chicas a pesar de que su personaje le dé nombre a la obra.
El cuerpo de baile del Ballet de Teatres de la Generalitat Valenciana ha demostrado una vez más ser un grupo de grandes profesionales que se amoldan a quien les dirija, en este caso su coreógrafo residente, Ramon Oller, mucho más difícil que interpretar a cualquier clásico. Son casi una veintena de personas en escena en casi todos los actos en que podemos dividir la obra, trabajan todos muchísimo y a un ritmo endiablado con cambios de vestuario incluidos, un vestuario funcional y rápido de cambiar, eso sí, en el cual tengo que agradecer que los hombres lleven pantalones de pinza en lugar de medias y coquilla, no soporto esa imagen del bailarín clásico tan artificial. En esta obra todo es natural y a la vez fantástico, nos transportan a un lugar y una época que no existen pero aun así entramos en ella de la mano de magníficos profesionales capaces de cualquier movimiento.
EFECTOS
El paso del tiempo durante el viaje de la Condesa Sangrienta al Castillo de Drácula es marcado por el sonido de unas campanas de iglesia, atronadoras, sorprendentes para el público e ideales para generar una atmósfera de terror gótico perfecta.
Junto a las neblinas, las luces de baja intensidad, los focos de haz rojizo, las sombras y las distintas vestimentas de los bailarines, siempre negras y rojas para los vampiros de Drácula y él mismo y blancos con todos rojizos como manchados con sangre para la Condesa Sangrienta, nos transportan a un escenario nocturno, terrorífico y completamente atemporal.
El espacio escénico no contiene más elementos físicos que un par de sillones en la escena final, los distintos actos están marcados por efectos infográficos proyectados en las pantallas que penden en el fondo y en el lateral derecho del escenario. Aparecen proyectados castillos, caras de personas, mujeres en su mayoría, siempre en blanco y negro o sepia y bosques, todo ello nos transporta perfectamente de una escena a otra y nos ayuda a entender dónde sucede cada baile y qué sentido tiene.
La música es parte esencial también, en el libreto aparecen acreditados cuatro compositores: Michael Gordon, Karl Jenkins, Zbigniew Preisner y Dmitri Shostakóvich, en mi infinita incultura sólo reconocí una pieza archiconocida del último, las demás eran todas vibrantes también, de ritmo muy alto, pero no sé nombrar piezas con sólo una escucha.
Concluyendo, duró una hora exacta, de 9 a 10 de la noche, pero al terminar más de la mitad del aforo miramos el reloj sorprendidos, es una obra tan buena y se sucede todo a tanta velocidad que se te hace corta y te quedas con la boca abierta y muchas ganas de más. Pero el final y los litros de sudor presentes en las camisetas de los bailarines no dejaban lugar a más. Seguiré admirando y siguiendo a Ramon Oller y su infinita habilidad para innovar en el ballet contemporáneo, uno de esos artes en los que parece que todo está inventado, pero no es cierto, el límite está en la imaginación de los artistas y con bailarinas como Diana Huertas el movimiento más complicado y acrobático parece natural, un grande que confirma su valía y una estrella emergente a seguir, todo un placer sensorial que nos salió regalado pero no era caro, las entradas costaban 18 euros en platea, donde se veía fantásticamente, y 9 euros en los palcos, donde siendo un teatro circular tampoco hay ángulos muertos respecto a la visión. Más barato que una película en 3D y sin duda mucho mejor.
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