“Tuareg” es una novela de aventuras que está entre
los clásicos contemporáneos que muchos creen de lectura obligatoria. Hace
muchísimos años la llevaron al cine y fue entonces cuando mi padre se compró la
novela, le gustó más que la película y me la recomendó para algún verano, pero
una es muy cabezota y he tardado unos 25 años en seguir su recomendación, ya
entonces era difícil sacarme de los clásicos.
¿Y cuál ha sido mi reacción tras su lectura? Como
siempre que me acerco a un libro con expectativas me ha dejado fría. Está muy
bien escrito, con un lenguaje descriptivo sencillo y directo que nos hace vivir
las situaciones con el protagonista, pero no he encontrado poesía en ello,
quizá al tener lugar en el desierto esperaba escenas a lo “Lawrence de Arabia”,
quién sabe qué anhelaba mi imaginación, lo único cierto es que me costó mucho
obligarme a leer un par de sus breves capítulos cada noche antes de dormir
porqué no me emocionaba lo más mínimo, últimamente no acierto una a menos que
me acerque a un libro sin saber nada de él, si es que ya tengo la mente muy
vieja y ajada y para despertarla necesita estímulos muy fuertes.
Pero al César lo que es del César, es interesante y
está muy bien ambientado, se nota que el autor vivió en esa zona de África y
conoce la cultura de sus habitantes. Ésa es la mejor baza de la novela, conocer
cómo piensa y actúa un tuareg debido a sus creencias y tradiciones, la aventura
real más allá de atravesar el desierto en su compañía es llegar a la
comprensión total de su forma de ser y es realmente apasionante.
No puedo compararla con otras obras de Vázquez-Figueroa, un autor al que siempre he considerado escritor de best sellers en toda la amplitud del término, es decir, nunca me atrajo y no creo que me acerque mucho más a él, es correcto, la elaboración de los personajes es excelente y los escenarios escogidos son los mejores por lo que con poca descripción que se haga de ellos se convierte la novela en un cuadro precioso, pero aun así no me ha llegado ni me ha llenado y eso es un error que me atrevo a compartir con el autor, pues he podido leerla en un momento de "pasotismo" (cosa no tan rara en mi), pero cuando tengo una obra valiosa entre las manos se me despiertan todas las alertas literarias del cerebro y lo disfruto sea cual fuere mi estado de ánimo, así que don Alberto debe tener algo de culpa también, pero como cada uno es distinto paso a describiros el argumento de forma neutra para que elijáis por vosotros mismos si os vale la pena o no leerlo.
No puedo compararla con otras obras de Vázquez-Figueroa, un autor al que siempre he considerado escritor de best sellers en toda la amplitud del término, es decir, nunca me atrajo y no creo que me acerque mucho más a él, es correcto, la elaboración de los personajes es excelente y los escenarios escogidos son los mejores por lo que con poca descripción que se haga de ellos se convierte la novela en un cuadro precioso, pero aun así no me ha llegado ni me ha llenado y eso es un error que me atrevo a compartir con el autor, pues he podido leerla en un momento de "pasotismo" (cosa no tan rara en mi), pero cuando tengo una obra valiosa entre las manos se me despiertan todas las alertas literarias del cerebro y lo disfruto sea cual fuere mi estado de ánimo, así que don Alberto debe tener algo de culpa también, pero como cada uno es distinto paso a describiros el argumento de forma neutra para que elijáis por vosotros mismos si os vale la pena o no leerlo.
El argumento gira alrededor de unos días en la vida
de uno de los últimos tuaregs, el adalid de la nobleza de los targuís del
desierto del Sahara, el llamado “Pueblo del Velo”, él es el inmouchar Gacel
Sayah.
Gacel es cazador, vive en su jaima con su segunda
mujer, una preciosa adolescente de una raza considerada inferior y que
normalmente sirve a los de su estirpe, pero en el desierto lo primero son los
sentimientos y Gacel se enamoró de su bella niña Laila, un precioso sentimiento
mutuo que nos da una idea del clima romántico de la novela.
El targuí cabalga a lomos de la mejor de las monturas
posibles para la arena, es un buen cazador con arma blanca y con fusil, pero
lleva una vida pacífica hasta que asesinan a uno de sus invitados y secuestran
a otro y se ve obligado por las leyes de la hospitalidad del Corán, que le
hacen responsable de las vidas de sus huéspedes, a vengar la muerte de uno y liberar
al otro.
Así empieza la gran aventura de Gacel entre
militares, políticos y grandes desiertos como el nunca antes atravesado y
temible Tikdabra. ¿Podrá Gacel con los políticos, tan distintos a su recta
manera de proceder? ¿Y con el desierto al que le han enseñado a temer y
mantenerse alejado desde pequeño? Ése es el corazón de la novela y la gran
proeza del autor, pues narra una travesía por el desierto con gran detalle pero
no aburre al lector, al contrario, lo sumerge en la lectura haciendo que el protagonista,
un hombre de una inteligencia innegable y superior a la media, medite sobre su
existencia y la de los que le rodean durante el trayecto.
Personalmente, si hay que elegir entre los dos viajes me quedo con
el interior por la mente del targuí, aunque la aventura de la supervivencia en
un medio hostil es interesante y está bien narrada se aleja demasiado de mi
forma de vida, sinceramente, no creo que llegue a pisar nunca el continente
africano, para machistas ya tengo bastante con los del terreno, y al ser tan ajena
a mi existencia le dí menos importancia que al funcionamiento del cerebro de un
hombre que demuestra que no hace falta saber leer ni escribir ni haber asistido
a clases para comprender las situaciones de otros y enfrentarse a nuevos retos
con gran inteligencia y tesón.
Se podrían decir muchas cosas más, pero al ser un
clásico de la literatura de aventuras contemporánea creo que es innecesario,
más que nada porqué habré sido la última en leerlo de cuantos van a leer esta
crítica, por lo tanto concluyo, le doy un 8 sobre 10 y lo recomiendo para pasar
un rato agradable aprendiendo sobre una cultura diametralmente opuesta a la
nuestra, eso sí, recomiendo el invierno para ello, ya sabéis, ahora es tiempo
de novela negra nórdica y aventuras acuáticas en grandes veleros.
¡Felices lecturas!
P. D.: Como es habitual también publicaré esta reseña de "Tuareg" en Ciao! bajo mi nick nunux.

Alberto Vázquez Figueroa fue uno de mis escritores preferidos en la adolescencia. Se puede decir que él, Victoria Holt y Agatha Christie fueron mi paso a la literatura adulta.
ResponderEliminarEn aquel entonces leí muchos de sus libros y Tuareg, junto a Ébano, es mi preferido (no así la continuación, Los ojos del tuareg, que me pareció bastante malo).
También te digo que, si bien en aquel entonces me encantaba, ahora mismo no creo que leyese nada suyo, me da una cierta pereza.
Besos
De este autor solo he leído un libro hace años y me gustó mucho, desde entonces quiero repetir pero nunca encuentro el momento, este libro lo tengo entre mis opciones así que espero que no me decepcione, al menos si tiene buena ambientación es un plus
ResponderEliminarbesos
Jo, pues no he leído nada de este autor, por lo menos que yo recuerde. A ver si me estreno con él un día de estos...
ResponderEliminar