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miércoles, 28 de diciembre de 2011

"Jadzhi Murat" y "El Cupón Falso", Lev Tolstoi

Corría la Navidad de 2009 cuando me llegó por correo el primer regalo de Navidad, el de mi puntual amigo amante de los rusos en general y en demasía de los clásicos de su literatura, esperaba algo relativo o bien a sus rusos o bien a mis sajones o germanos y esta vez decidió que iba a introducirme en el mundo de Lev Tolstoi de forma suave, con dos historias breves, ¿acertó? ¿hemos intimado Lev y yo? Habrá que leer algo más para saberlo, de momento adelanto que son dos historias muy distintas.


Lev Tolstoi es el gran autor ruso junto con Fiodor Dostoievski, hay una leyenda ficticia sobre su rivalidad en su tiempo, aunque sus trayectorias personales no podrían ser más distintas, pues Tolstoi fue a más acabando casándose con una rica heredera y administrando bien y acrecentando su fortuna y escribiendo en ese último periodo sus mejores obras, “Guerra y paz” y “Anna Karenina”, mientras Dostoievski sufrió encarcelamientos, humillaciones, pobreza y como explicó una compañera en su reseña hace no muchas semanas, incluso cayó en manos de la ludopatía, sí, como cualquier españolito o portuguesito de a pie (cosas mías).

Ambos son grandes autores, a Dostoievski lo he leído un poco, unas 4 ó 5 obras ya, mi primera aproximación a Tolstoi ha sido positiva, más de lo que creerán los amigos próximos que saben de mi relación de amor-odio con el libro mientras intentaba arrastrarme página a página por la primera historia sintiéndome engañada, no me gusta perder el tiempo y creía estar haciéndolo, una semana y poco más después de terminarla puedo decir que no fue para tanto, incluso gané algo, conocí un estilo nuevo, pesado para mi gusto, pero distinto, y todo lo que enriquezca es positivo.



JADZHI MURAT

“Jadzhi Murat” es un relato corto, no llega a las 200 páginas, de temática militar y lectura lenta. El encuentro con una flor recuerda al narrador unos hechos vividos en 1851, a partir de ese momento viajamos al pasado con él y va describiéndonos personajes y situaciones que conoció, todos alrededor de la figura principal, el heroico Jadzhi Murat.

Algunos creen que es una de sus mejores obras breves, otros aseveran que es autobiográfica basada en sus estancias en el ejército, sea como fuere dos cosas están claras tras mi lectura, es una buena manera de conocer el conflicto checheno con sus vecinos rusos, que desgraciadamente dura hasta hoy día, y una divertida descripción de los ridículos nobles de la época, personalizados en la figura del zar Nicolás ya maduro, con sus ideas descabelladas y poco inteligentes bien disimuladas y transformadas por sus consejeros, siempre excesivos a la hora de hacerle la pelota y su obsesión por corretear tras las mujeres jóvenes.

Según mi humilde modo de ver es una historia en la que destacan dos conceptos por encima de todo lo demás: el honor y la familia.


Jadzhi Murat es básicamente un soldado, ha luchado por sus ideales toda su vida, aquellos por los que luchaba de joven le fallaron matando a su familia y amigos y se puso a guerrear contra ellos para mantener unida y protegida al resto de su familia, la que formó él mismo con su esposa.

Al caer su familia presa de sus enemigos deberá unirse al mayor enemigo de su pueblo (una nación rural de religión musulmana), los rusos, de grandes ciudades, costumbres afrancesadas y religión ortodoxa, para que estos le ayuden a liberar a su familia secuestrada por su sanguinario enemigo musulmán.

Asistimos a luchas de poder en las altas esferas y por un mendrugo de pan en las bajas, por la religión casi como excusa, pues bien sabemos que cada uno puede profesar la suya sin molestar al vecino y respetar al diferente no es tan complicado, pero si hoy día aun cuesta explicárselo a mucha gente imaginaros a unos cuantos payeses iletrados del cáucaso que veían con buen criterio como se les despojaba de sus tierras por criterios religiosos cuando en realidad era una conquista sin otra razón que la económica, como todas, más tierras, más poder.

La descripción que se hace de Jadzhi Murat es preciosa, físicamente podemos verle ante nosotros, tanto a él como a su caballo y los arreos de éste, y psicológicamente llegamos a tener lástima de este hombre, bueno y noble que se ve obligado a vagar por los caminos luchando por salvar a su familia, rezando por la salud de ésta, sin saber nunca si su enemigo Shamil habrá cumplido ya con la amenaza de matarles de la forma más dolorosa posible.

La cuestión que me hizo recelar de una buena resolución a la historia fue que durante las primeras páginas asistimos a una continua repetición de la historia de Jadzhi Murat por parte de los que le van encontrando, y parece ser la misma, la historia va de mano en mano sin añadir grandes novedades, él se presenta a cada persona que encuentra y le cuenta el porqué de su cruzada, y después sus conocidos se lo cuentan a terceras personas, pero siempre es lo mismo, acabé bastante harta de leer lo mismo cada vez que aparecía un personaje nuevo que no le conocía y al que se lo tenían que presentar, pero cuando se conocieron todos y empezó a moverse algo más la narración me sentí absolutamente subyugada por la historia y cada personaje nuevo que aparecía, me han gustado sobretodo, aparte del protagonista, las dos mujeres que aparecen, la princesa Vorontsova y Maria, la compañera de un alto cargo militar, y también Butler, un soldado inglés que guerrea con los rusos y trabará amistad con Murat, aparte de los ayudantes de Murat, también personajes muy humanos y retratados con mimo.



EL CUPÓN FALSO

Con “El cupón falso” pasamos de la narración histórica a la ficción contemporánea a Tolstoi, de una narración lenta y muy descriptiva a otra rápida, con mucha acción y variedad de personajes en distintas historias que se encadenan una tras otra sin dejar descanso, cada 2 ó 3 páginas componen un capítulo, una historia distinta, un fragmento en la vida de una persona que tuvo en su mano el cupón al que se alude en el título. Se lee en un rato, esta sucesión de capítulos breves está ordenada en 2 partes que juntas no llegan a las 100 páginas.


El argumento es sencillo, un estudiante adolescente tiene gastos superiores a lo que alcanza su asignación paterna y para saldar una deuda acude a un amigo algo tramposo que le recomienda aumentar la cuantía del cupón que le ha dado su padre como parte de la asignación añadiéndole una cifra. Endosarán este cupón en una tienda y el segundo capítulo ya es la reacción del tendero al descubrir el cupón falso en la caja en el arqueo al final de la jornada y a quién se lo endosa a su vez, y así vamos yendo de personaje en personaje, algunos reaparecen de vez en cuando y descubrimos como por alguna casualidad el cupón les hace más ruínes a unos y empobrece a otros, pero no todo el mundo se hará malo, tampoco es ese el leitmotiv de la historia.

Tolstoi aprovecha esta abundancia de personajes, situaciones y lugares distintos de Rusia para describirnos todas las capas sociales, religiones y problemáticas varias existentes en su sociedad.

Aparecen muchas dualidades contrapuestas para que entendamos sus diferencias, así hay ortodoxos frente a sectarios, que era como llamaban a los que en lugar de seguir a los Popes leían las escrituras por su lado y las interpretaban llevando una vida pacífica siendo buenos y humildes, también hay ateos. Otra diferenciación es la que se hace entre señores y sirvientes, ésta la tenemos clara, luego están los mujiks y la controversia de si son simples pobres que comercian con lo que pueden o básicamente delincuentes y pillastres, porqué entre ellos hay de todo y a veces pagan justos por pecadores y también están las diferencias entre la vida tranquila y ruda en el campo y la delicada vida cultural en las ciudades, con teatro y libros al alcance de casi todos.


Me extrañó la historia de una bella e inteligente chica rusa que se traslada a San Peterburgo a estudiar, no quiere casarse ni procrear, quiere aprender y protestar, es una actitud muy normal, parecida a la que he defendido toda la vida, pero si no se me ha respetado en el siglo XXI me tenía que extrañar observarla en una persona de inicios del siglo XX.


La leí en dos ratos, no podía dejarlo, pero hay que parar para vivir y así lo hice, si tenéis un ratito largo sin nada que hacer lo normal sería leerlo del tirón para no quedarse con las ganas de saber qué le pasa a uno u otro personaje, a unos se les coge cariño y a otros manía o incluso asco, pero siempre prima el interés por ver qué les sucederá.


No son pocas las veces que pongo a caldo a los traductores, las mismas en las que alabo a los que me parece que han hecho algo más que ejecutar una labor, en este caso el texto de Víctor Gallego tiene mucha vida y se hace atractivo para el lector de hoy, está escrito con mimo y se nota, los giros del idioma son perfectos, he aquí la gran diferencia con las traducciones automáticas, les falta alma, y sentido, aunque muchos en Ciao y por otros lares parezcan desconocerlo y sigan publicándolas como si tal cosa. Una gran labor por la que le felicito.

¿Los recomiendo? Sí, ambos, especialmente el segundo, por más que diga la crítica especializada a mi me ha gustado más.

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